Editorial:
El último segundo del año pasado, entre fuegos artificiales,
copas de champagne efervescente y el griterío de ¡feliz año
nuevo!, pedí un deseo. Entonces sonaron las doce y un abrazo me
volvió a la realidad, la nueva, la que comenzaba en ese preciso
instante. El deseo ya estaba activado. Igualmente, no conforme, lo fui
reforzando cada vez que tenía la suerte de pasar debajo de un puente
justo cuando andaba el tren, al descubrir la primera estrella o tirando
disimuladamente una moneda en alguna fuente porteña. Depositar
el devenir de nuestra vida en deseos soltados descaradamente al aire suma,
pero no hace la diferencia. Lo cierto es que, muchas veces, no nos animamos
a tomar iniciativas de cambio por el miedo que nos da afrontar lo desconocido.
Y así dejamos librados al azar –apostando a que también
ayude alguna que otra cábala– el cumplimiento de nuestros
anhelos. Pero ocurre que rara vez se nos concede el sueño, o pasa
tanto tiempo que nos olvidamos cuál era. Y seguimos, como si nada.
A mí el deseo se me cumplió y, por las dudas, agradezco
a los astros, las cintas, las velas y toda la parafernalia cabulera, pero
también confieso que hice lo imposible para que así fuera.
Gata Flora hoy es una revista. Tiene páginas que se pueden tocar,
ver y leer, colaboradores que se sienten orgullosos de haberse sumado
al proyecto, marcas que apuestan a lo nuevo y hasta lectores (algunos,
incluso, dicen que es su medio preferido). Tener un sueño y hacerlo realidad (esto va a sonar muy cursi, pero no me importa) depende de uno. Y en esta época del año, cuando las noches dan para salir a tomar algo, hablar con amigos, brindar por las fiestas, hacer balances y ponerse melanco, es el momento ideal para hurgar en nuestro deseos y activarlos.En este cuarto número de Gata Flora les acercamos un personaje paradigmático respecto de esta cuestión: Victoria Ocampo, una mujer que, ignorando los convencionalismos de su época, fue al frente con sus convicciones.La quisimos representar a través del art nouveau de la tapa porque creemos que su vida tiene mucho que ver con este estilo artístico que vino a romper con las tendencias dominantes, que propuso algo nuevo.Nuestros entrevistados también tienen el métier de ir por sus sueños y verán qué interesantes son: la galerista Florencia Braga Menéndez y el escritor uruguayo y artista múltiple Dani Umpi. Y, porque sabemos que les gusta el cine, analizamos los cuatro personajes femeninos de Pedro Almodóvar: la madre, la amante, la puta y la asesina. El porfolio está en manos de Michele Carlson, una coreana radicada en los Estados Unidos, que hace unos dibujos inolvidables. Y, como siempre, nuestros columnistas: el filósofo se mete con la moda como medio de protesta, la bloggera idealiza un amor del pasado, el cronista neoyorquino se encuentra con un porteño en el subte y nuestra trotamundos nos transporta a Saint Rèmy de Provence. Además, alguien se suma, por lo que Gata Flora tendrá política de la mano de El Ciudadano. Además, en este número se encontrarán con cuestiones de género, mujeres que se involucraron con el nazismo, gente que hace gimnasia mientras habla de filosofía, una promesa musical llamada M.I.A., un homenaje a Clarice Lispector y libros, discos, arte, espectáculos, arquitectura… Pero ojo, entre tanto, no olviden activar sus deseos. |